sábado, 25 de agosto de 2007

Cuidado con vender tu alma por una figura


La gordita y el sargento

o

flaca pero sin novio


La siguiente no es una historia de amor, es un relato rimado de cómo el empeño de perder peso puede dejar a una mujer absoluta y desconsoladamente sola.


Néstor Luis González


Personajes de este cuento:

una hermosa damisela,

un niño que la envenena

y un testarudo sargento.


Acto primero y único


Al levantarse el telón,

aparece una muchacha

que por un par de cachapas

empeña hasta el corazón.


La gordinflona en cuestión

tienen la cara empapada

de mostaza y empanada

y de aceite el camisón.


La gorda:


-Tengo hambre, como y como.

no se para mi apetito,

mas quisiera -no sé cómo-

parecerme a un palito.


En eso sale en pañales

un niñito pintoresco

que no estaba en los papeles

pero se la echa de fresco.


El niñito:


-Pósimas, dietas, ungüentos;

tengo todo para ti

lo necesario y mil cuentos

para quitarte el lamento

y hacer una miss de ti.


Basta firmar un papel,

venderme tu alma tal vez.

Lo que hagas ya no importa,

concéntrate y come torta

que la línea que prometo

no se pierde ni con pesto.


La gorda:


-¿Dónde te estampo mi firma?

¿qué más debo dar a cambio?

pues al darte sólo mi alma

siento que te estoy robando.


Entonces saca el niñito

del pañal un papelito

y cuando firma la gorda

de inmediato bota un viento

que se lleva su lamento

y la deja como absorta


La nueva flaca:


-Esto es magia, brujería,

estoy flaca ¡qué belleza!

mas pensando en la promesa

me marcho a la pulpería


Así, conciente la flaca

de que engordar no podía,

se comió medio negocio

y hasta el estante del gofio


La misia no dejó nada:

comió jobito y manzana,

chocolate y mermelada,

nepe de todos los tipos,

jamón serrano y de espalda,

plátano, piña, banana;

y hasta crema de mariscos.


La flaca regocijada:


-¡Qué maravilla tan grande!

puedo comer y no engordo

por más que a muchas les duela

soy hermosa y damisela


En medio del regocijo

de aquella dama delgada

llegó un sargento y le dijo:

-señorita está dejada


Al parecer el sargento

era el novio, ella su amada,

pero con este esperpento

pa' agarrar no tenía nada.

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