sábado, 25 de agosto de 2007

Cacofonías para meditar



Quiéranse mujeres


Cacofonías para meditar


La siguiente combinación de palabras de peculiar efecto sonoro va dedicada al sexo femenino, a su afán de competencia y a su necesidad de belleza superior


Néstor Luis González


Había una vez una rosa que no era una simple rosa, sino la rosa más hermosa de todas las rosas del país de las rosas. Vale la aliteración para decir que esta rosa verdaderamente era preciosa, pero también vale para explicar que era un jardín ese país de las rosas.


Un día la rosa hermosa se quedó viendo a otra rosa al notar que ésta gritaba, ¡mírenme soy deliciosa!. Y aunque era muy primorosa, nuestra rosa hermosa la calificó de envidiosa y le deseó que otra rosa le destrozara la boca. "¿Cuál boca? soy una rosa", respondió la otra rosa. "La boca, chica. La boca", refutó la más preciosa.


Y así las dos rosas pelearon airosas, se echaron espinas, rompieron sus bocas, se entraron a piñas, quedaron peladas, sin un sólo pétalo. No les quedó nada, y cuando el jardinero fue a regar las matas las vio tan feúchas que echó una cortada.


Moraleja:

Así como esas rosas se agarraron odio y provocaron su expulsión del jardín, cuando una mujer hermosa conoce a otra surge la envidia para corroborar la teoría de que todas ellas se odian entre sí.


Y aunque el mismo rey Salomón dijo: "de mil hombres, uno bueno; de todas las mujeres, ninguna; estas líneas no tienen la intención de denigrar al sexo débil -¿débil? psst..!-, sino de decirles: ¡mujeres quiéranse! no se odien que eso es malo, dejen las hipocresías y cuando tengan una amiga procuren que sea una amiga de verdad y no un simple instrumento para entretenerse hablando mal de las demás.

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