lunes, 2 de noviembre de 2009

Feliz cumpleaños (otro cuento raro)

Lo insólito del relato llegó cuando sopló las velas. Eran las nueve de la noche y todos estaban reunidos alrededor de la mesa rectangular para cantar cumpleaños. Las botellas de ron y vodka glacial estaban sobre la otra mesa, la de la cocina, donde fumar era un rito y la brisa pasaba gigantesca de vez en cuando por la ventana. A las ocho y cuarenta y cinco todavía jugaban mímica, y por un bloqueo mental que no busco comprender nadie adivinaba la palabra pinocho pese a los múltiples estiramientos de nariz y a la perfectísima pantomima de marioneta que hacía la cumpleañera. Tiempo, perdieron, estaba facilísimo, pinocho. ¿Pichocho? !Qué fácil¡ ¿Qué nos pasó? Les toca a ustedes. No, vengan a cantar cumpleaños. Apaguen la luz de la sala.
Cumpleaños feliz, te deseamos a ti, cumplea
Quien toca la puerta. Abre que la van a reventar.
Qué raro. No había nadie. Bueno, debe ser que se equivocaron.
Cumpleaños feliz, te deseamos a ti, cumpleaños
TAN TAN TAN TAN
Abre vale. Ahora sí. Van a reventar esa puerta.
Ni siquiera el que le dio vuelta a la perilla identificó a la sombra cuando entró, y eso que la luz del pasillo se coló en la sala juntándose con la de la cocina. Nadie supo de quien se trataba porque casi todos estaban concentrados en la torta, en la cumpleañera o ellos mismos. Entonces se cayó el servicio eléctrico y la sombra perdió importancia. Sólo las velas sobre el el círculo de chocolate alumbraban el escenario, y la protagonista era la cumpleañera porque su rostro era lo único que se distinguía entre ese tumulto de sombras. Mientras tanto, la otra sombra, la que acababa de entrar, estaba sentada sobre un sillón en el recibo asistiendo a todo desde lejos y cruzando alternativamente la pierna izquierda y luego la derecha. Algo se veía allá, al fondo, sobre el sillón; pero como nadie quería perderse un instante del conjuro de un año más, todos comenzaron de nuevo a cantar cumpleaños feliz te deseamos a ti...
¡Ehhhh..! Pide un deseo. Uhm, ya, phussssssssss. Volvemos al inicio del cuento, les dije que lo insólito llegó cuando sopló las velas. Es que en vez de apagarse, la llama se trizó en mil brillitos encendidos que inundaron la sala e hicieron resplandecer cada cosa. Poco a poco hasta el cenicero sobre aquella mesita adquirió una belleza jamás contemplada. Los brillos se multiplicaban ante la mirada atónita de los presentes y la sombra había comenzado a reírse a carcajadas. Algunos ya estaban llorando de felicidad y todo se volvía cada vez más blanco. Era magia, fantasía, sublimidad, algo raro pero hermoso. La sombra también había dejado de serlo, pero no se la podía distinguir, hombre, mujer, cosa, era algo y punto, pero algo inolvidable que todos sabían responsable de aquel deleite de luz blanca. Ahora nada se veía, todo estaba blanco, como en los sueños, como cuando los buenos de las películas mueren y van al cielo, todo era luz, algunos gritaban poseídos por lo hermoso, otros bendecían el aliento multiplicador de luces de la cumpleañera. En ese momento, en el paroxismo, volvió el servicio eléctrico poniendo fin a la magia. Todos buscaron a la sombra, pero no estaba, fuera lo que fuera dejó su regalo y se marchó. Porque para una sombra el mejor regalo que puede dársele a alguien es la luz.

3 comentarios:

Maria Carolina dijo...

Precioso tu sitio... bienvenido al mio. Perdón por mi retraso en devolver tu cariñoso saludo.
Un abrazo desde Argentina!

AMYLOIS dijo...

Me temo que voy a tener que leerlo de nuevo...algo se me escapa. No sé si será la sombra.

Yudith dijo...

Hola Nestor, pasando a saludarte y como siempre deleitandome de tus escritos, muy buenos y amenos, felicitacionwa. Besos