
Escribo estas líneas atendiendo la propuesta de un lector. Mis amigos más cercanos me critican por “creer que todo el mundo es bueno”, palabras textuales. Sé que tienen razón, pero no puedo evitar agarrarle cariño a la gente. A veces, una frase, la manera de dar la mano o una pasión en común pueden determinar el inicio de una repentina amistad. En su “Vida de Marco Antonio”, Plutarco legó a los siglos la historia de un tal Timón de Atenas, a quien describió como “un hombre malévolo y enemigo del género humano”. También Luciano de Samosata escribió de este personaje en un diálogo satírico, y hasta William Shakespeare llevó a las tablas, en colaboración con Thomas Middleton, una versión de la vida de este misántropo. Según esta última mención, Timón de Atenas era hombre rico que ofrecía grandes banquetes y presuntuosos regalos a todo aquel que le cayera tan bien como para llamar “amigo”. Poetas, pintores, señores de grandes regiones y simples lisonjeros acudían a su castillo cada día a pedirle algo. Él no se podía negar, su corazón era enorme. Cuando quedó en la completa ruina y quiso pedir auxilio a sus aliados para pagar deudas contraídas, nadie acudió a su socorro, todos ofrecieron excusas. Timón se quedó solo y resolvió irse a vivir al bosque como un ermitaño. Un día, en medio de un soliloquio depresivo, quiso volver a la tierra y comenzó a cavar para conseguir una raíz y comérsela. Pero la tierra se burló de él y en cambio le dio oro, oro en grandes cantidades, oro maldito, oro que usó para degenerar a la raza humana. A un pintor y a un poeta que siempre estaban juntos, les dio mucho de este metal a cambio de que terminaran esa amistad. Hizo de un simple soldado un hombre rico con la condición de que se volviera usurero y ladrón. A una prostituta le dio aún más oro para que se hiciera la más grande de las putas, destruyera familias y sedujera hombres de bien. El timón de las cavernas hacía rico a todo aquel que fuera capaz de vender su dignidad. La amistad es el mejor invento del ser humano y el oro el peor descubrimiento. No son buena combinación.