viernes 26 de septiembre de 2008

Fragmento de una novela inexistente


Su nariz no estaba rota, sólo sangraba por culpa de la cocaína. Sus ojos eran exageradamente opacos y su risa era el dibujo hipócrita de un arco iris en un cuaderno de contabilidad. Aquella habitación daba asco. Ratones cruzaban de una pared a otra sorteando trozos de comida, preservativos usados, papel sanitario sucio, zapatos que hace años no se juntaban con su par perdido, calcetines que alguna vez fueron blancos, colillas de cigarro y muchos libros llenos de vanidad.
Desnuda, acurrucada sobre su cama, Amalia se dejaba picar con gusto por mosquitos tan descomunales que el ventilador no espantaba. El televisor tenía casi una semana encendido pero ella sólo se concentraba en la Biblia sobre el Play Station. Dos días permaneció viéndola como el único sosiego en medio de aquel desastre, como la única orquídea nacida en el pantano. Al fin decidió levantarse y abrirla al azar leyendo de inmediato que Dios es amor. Aquella frase la envolvió y la hizo levantarse de su cama, limpiar el piso, ordenar cuanto pudo, bañarse, vestirse y dar un paseo por cualquier lado. Aún no había entendido el mensaje, ella sólo escapaba de lo que no lograba entrar en su cabeza.

martes 23 de septiembre de 2008

Cosas difíciles


Exorcismos vienen y se van, pero tu recuerdo no se me sale. Cunde el terror en mi pecho cuando me azoto para que te vayas por completo. Quizá perdí la musa que traía en el bolsillo, seguramente la dejé olvidada en tu baño cuando te lo pedí para robarme un poco de tu intimidad.

Foto de No Espías

jueves 11 de septiembre de 2008

Acentos

Suenan los Rolling Stones en mi computadora y los versos de mi cabeza se dispersan como el universo en expansión hasta desaparecer por completo. La poesía se estira hasta desvanecerse y surge esta prosa entendida sólo por el reloj doblado de La Persistencia de la Memoria. Angie es el nombre que una y otra vez se repite en la canción. La cama está desvestida y mis pies huelen mal mientras algún niño en la Cachemira tiene hambre, mientras los cinco hijos de una cocinera australiana se pelean por el último pedazo de postre y mientras un campesino en Cojedes prueba crak por primera vez. Al otro lado del mundo se está firmando un tratado de libre comercio entre los habitantes de dos pueblos divididos por la frontera, y la pareja de recién casados del piso de arriba ha dejado de pelear.

En todo caso lo que importa es que estoy terminando de empacar para volver a Sevilla, donde el año pasado entendí el origen de mi afición por los viajes. Antes creía estar buscando respuestas espirituales, pero en Sevilla entendí que son los acentos de cada país pronunciados por sus mujeres los que realmente me motivan a recorrer el planeta. Así como en Sevilla me cautivó la sensualidad con que Sofía cambiaba cada l por una inverosímil r, y metía una j donde más le molestaría a los filólogos de Castilla, en Cartagena de Indias me enloqueció la voz gutural que usaba Laurita para preguntarme si “¿su merced quiere un masaje?”.

Conocer a Sofía en el hotel Bécquer de Sevilla fue una experiencia reveladora porque su voz despertó mi afición por los acentos y me permitió entender cuán encantadora era Claudia cuando usaba sus lunfardos argentinos para decirle telom a nuestro motel favorito volteando las palabras como toda una rioplatense. Pero lo mejor del asunto es que todo esto me sirvió para entender que más allá de las diferencias, todas son iguales y todos formamos parte de la misma humanidad.
*El texto fue publicado en la revista "Descubra" de Avior Airlines, el dibujo es de Surama Gyarfas

miércoles 3 de septiembre de 2008

Homo canis lupus, no sapiens

Lo peor de todo esto es que ni siquiera sé hacer el nudo correcto para ahorcarme. Cuando se nace en el caos no hay tiempo para bibliotecas y el cerebro se deleita en la misma medida que se atormenta con la salsa de su propia ignorancia, entonces te meten en una jaula por siete años y cuando sólo faltan tres días para ser libre de nuevo alguien deja la puerta abierta y te escapas. Corres a la deriva creyendo que la dirección correcta es en sentido contrario a la jaula pero, como no sabes que el mundo es redondo y cada vez más pequeño, tú mismo llegas de nuevo a esa pequeña cárcel en la que ahora estarás doce años por intento de fuga. El lobo cautivo usa la mínima oportunidad de escape sin pensar en el castigo. La tortura y el ensimismamiento han hecho de ti un animal. Sólo te preocupa sobrevivir y tal vez lo hagas por instinto. Pero si tienes un accidente prefieres morir a quedar paralítico, gran paradoja en el cerebro de quienes dicen amar sus vidas, y gran demostración de que todo es instinto de autopreservación. En todo caso, lo que realmente me tiene mal es que todos somos parte de la misma humanidad, y cuando un pendejo la caga todos la cagamos un poco porque fue la humanidad quien la cagó. Por eso quiero pedir disculpas a todas esas personas que alguna vez la cagaron por mi culpa.