miércoles 26 de noviembre de 2008

Ejemplo hípico de un comportamiento cotidiano


¡Arranca la carrera y el caballito de mar se alza con la punta! Segundo Azulejo, tercero Gran Sol, cuarto Elvis Presley, quinto Cañonero, sexto El Más Pendejo, séptimo El Quijote. El Clásico Simón Bolívar ya parece tener dueño porque el caballito de mar ya le sacó siete cuerpos al segundo. Pero… ¡Cuidado! ¿Qué sucede? Mientras el caballito de mar sigue corriendo los mil seiscientos metros, los demás equinos han expulsado a sus jinetes paralizándose en plena pista.
-Es que así no se puede. Esto es una carrera de caballos, no un circo. ¿A alguno de ustedes le preguntaron si estaba de acuerdo con la inclusión de ese caballito de mar?, protestaba el Gran Sol.
-Verdaderamente chico –interrumpió Cañonero con su voz de viejito-, yo creo que lo más conveniente es formar un sindicato e iniciar una huelga cuanto antes.
Señoras y señores la carrera está por terminar y el caballito de mar por ganarla porque los demás caballos siguen relinchando en plena pista. ¡No sabemos qué sucede!
-Tienen razón. Vámonos ya –convidó Azulejo haciendo que todos los demás caballos se fueran del hipódromo omitiendo las existencias de los jinetes.
¡Y el ganador es el caballito de mar!
Nota: Lo anterior puede coresponder también a la típica estampa de un partido de fútbol callejero en el que los mayores nunca quieren jugar con los menores; no por que sean chiquitos, sino porque juegan demasiado bien.

lunes 17 de noviembre de 2008

Garabato


Mongol 480 número 2, hoja en blanco y mano inocente de niño dibujaron una figura indescifrable que la mamá calificó de garabato antes de echar a la papelera. El infante lloró considerando la importancia de su obra para el desarrollo del movimiento abstracto en el país. En todo caso, de esta historia sólo importan los acontecimientos posteriores a la llegada del papel a la basura, porque algún motivo tan sobrenatural como las fresas dibujadas en las cajas de Korn Flakes hizo que el garabato cobrara vida y se saliera de la hoja transformándose en una especie de cabello largísimo capaz de imitar a una serpiente para recorrer los rincones de la casa y finalmente llegar a mi habitación.
Sí, acepto que tuve miedo al verlo; pero nunca pensé que podía ser tan ágil para llegar a mi boca de un brinco y bajar por mi garganta. Fue lo mismo que tragarse un cabello. ¡Qué locura! De verdad traté de defenderme. Incluso me cuadré como boxeador antes de que me venciera en esa única envestida, en ese brinco que me atoró y me lanzó al piso tal vez por estrangularme desde adentro. Lo cierto es que al menos estoy vivo. Pudo matarme de haberlo querido, pero aparentemente sólo quería demostrarme que el más despreciable garabato dibujado por un niño es capaz de hacer cosas tan increíbles como salirse del papel y estrangular a alguien por dentro. Así que tú tampoco subestimes a nadie nunca.