domingo 14 de junio de 2009

Una especie de juego, el espía.


En el cinco una mujer delgada y joven habla desenfadadamente con dos hombres. En el cuatro las cortinas están cerradas, pero de vez en cuando alguien se mueve sobre el único resquicio de luz amarilla. En el tres la televisión está encendida, nadie la ve. Otra mujer aparece en la enorme ventana del piso cinco y le dice algo a la primera. Los dos hombres que las acompañan hormiguean como haciendo algún oficio por toda la sala, ahora uno de ellos está viéndome, pero seguiré pintando este retrato porque es de casi doscientos metros nuestra separación. Jugaré a que que viven y estudian juntos, uhm… no veo libros en aquella repisa, supongo que ingeniería, sí, eso o informática. El apartamento es alquilado, de no serlo habría cuadros en la pared, como en el piso tres, donde el paisaje de un bosque verdísimo da biodiversidad al hogar. Ahora es la segunda mujer en aparecer quien me mira como queriendo saber de dónde salió este espía. A partir de ahora se llaman Juana, Petra, Juan y Pedro. Sus pijamas me comprueban que realmente viven juntos, y sabiendo que sólo hay dos habitaciones se convierten inmediatamente en parejas. Juan y Juana son novios desde hace cuatro años, Petra y Pedro desde hace uno. Una noche estaban viendo una película morbosa y comenzaron a hacer el amor los unos delante de los otros, luego comenzaron los intercambios y ahora la cuestión es un zaperoco en el que nadie sabe quien es Juan, Pedro, Petra o Juana. Todos con todos todo el tiempo. Entonces llegaron las complicaciones que aún enfrentan, porque de vez en cuando Pedro se olvida de su propia identidad y se pone la ropa de Juan, cosa que también le ocurre a Juana con la ropa interior de Petra y versavice. En el piso Tres alguien apagó la televisión y las luces, el cuatro sigue sin novedad